La Fórmula 1 sale realmente herida del Gran Premio de Bélgica 2021, en Spa-Francorchamps, si es que se le puede llamar como tal a una carrera que, literalmente, no existio. Falta de autoridad, de liderazgo y de respeto que como mínimo merece explicaciones ante los aficionados con los que la dirección  jugo este domingo.

Y es que las previsión meteorológica ya auguraba una jornada complicada desde bien entrada la mañana, pero era prácticamente imposible imaginar la tremenda lluvia que cayo durante esta larga tarde de domingo: el simple hecho de alargar el comienzo de la prueba cuando el radar indicaba lluvia ininterrumpida, ya anticipaba el constante número de sinsentidos que se iban a cometer hoy.

No cabe duda de que las condiciones de la pista eran extremadamente delicadas después de haber sufrido las inclemencias del tiempo durante prácticamente todo el fin de semana, aunque tampoco se debe sobrevalorar este aspecto, puesto que en similar o peor estado compitio la Fórmula 3, la Porsche Supercup y las W-Series, categorías con un nivel de máquinas y participantes claramente inferior al de la Fórmula 1 en Spa-Francorchamps.

Tampoco es fácilmente entendible el continuo retraso en las actualizaciones de la dirección de carrera, cuyos comunicados se atrasaban cada cinco minutos, alcanzando un nivel que llego a ser absolutamente absurdo, así como los apenas usados coches de seguridad y médico, para que hicieran su correspondiente evaluación del trazado, y la maquinaria de limpieza que pudiera contribuir al secado del asfalto.

Y si todo lo mencionado hasta el momento es difícil de asimilar, teniendo en cuenta de que hablamos del campeonato automovilístico por excelencia a nivel mundial, más lo es aun la forma en la que se puso, punto y final al circo ridículo de hoy con tan sólo tres vueltas completas detrás del Safety Car y el posterior podio de vergüenza en el que los premiados festejaro su logro como si fuera una gran hazaña.

Por otra parte, el descaro fue monumental a la hora de perseguir el objetivo de completar dos vueltas tras el coche de seguridad para así poder finalizar, definitivamente, una carrera que no consideraron aplazar para el día siguiente con la negativa de los equipos, y en la que el top10 recibio puntos de forma inmerecida. Básicamente porque la competición no se  produjo y porque los mejores pilotos del mundo tampoco estuvieron  a la altura.

En definitiva, tanto los asistentes al Gran Premio de Bélgica como todos los aficionados que hemos estado frente al televisor durante casi cuatro horas viendo la lluvia caer, podemos sentirnos decepcionados, engañados y estafados, con sentimientos de una interminable lista de adjetivos negativos, por la clara negativa de la dirección, los equipos y los pilotos a buscar una alternativa que no pasase por concluir la carrera de forma abrupta y en el día de hoy que fue una vergüenza.
DPH-F1